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Capitalismo y guerra civil mutante en Colombia.

El fracaso de la estrategia de la Paz Total adelantada por el gobierno Petro, así como la persistencia evidente del llamado conflicto colombiano, que el aparato mediático del régimen publicita a su favor como el “recrudecimiento de la violencia  y el deterioro del orden público en el país”, hacen mandatorio para la dirigencia de la verdadera izquierda colombiana y continental, un replanteamiento completo de las categorías analíticas y conceptos que hasta el momento se han tenido sobre la “guerra civil mutante” que el capital financiero imperialista, con todos sus ropajes, en su búsqueda de plusvalía ha impuesto y desarrollado contra las comunidades agrarias y el pueblo trabajador colombiano, más o menos inidentificable en la historia, desde 1928, cuando se masacró a los trabajadores de la “Yunai”, en la zona bananera de Santa Marta a la que se le han dado innumerables nombres:   

Violencia oficial, violencia bipartidista, conflicto social y armado al que dada sus mutaciones y persistencia se le añadió el adjetivo de histórico. Guerra contra las drogas, guerra contra el narco terrorismo, Plan Colombia y derivados, amenaza terrorista y finalmente, cuando se hizo evidente la fusión de las fuerzas del Estado con las fuerzas paramilitares se le dio el nombre de guerra terrorista contrainsurgente.

Sin embargo, y a pesar de la desventaja, la izquierda colombiana ha tratado de usar dos tipos analíticos en sus esfuerzos por abarcar o aprender la tan compleja y contradictoria realidad histórica de una guerra civil permanente y mutante, padecida por tanto tiempo por la sociedad colombiana: Un primer tipo de análisis que se podría rastrear hasta llegar a la adopción por la izquierda del estructuralismo francés a mediados de la década de los 60 del siglo pasado, intentó congelar de manera sincrónica la confrontación hostil de clase, desmenuzada detallada y muy minuciosamente en sus elementos reales constitutivos y contradictorios hasta tener una imagen casi microscópica del embrollado asunto. Un segundo tipo de análisis, el diacrónico, utilizando una visión de proceso contradictorio ha intentado obtener una imagen telescópica más global. Incluso, un practicante de filosofía sugirió que unos eran partidarios de la “guerra de posiciones” y los otros, seguidores de la “guerra de movimientos”. No faltó quien dijera que los dos grandes y duraderos grupos políticos militares de la resistencia popular a la guerra impuesta en Colombia, enraizan en esta separación.   

Pero la verdad sea dicha, han sido bastante escasos los intentos por integrar efectivamente ambas perspectivas y, este es el momento histórico para hacerlo, sobre la base de la concepción de la amplia tradición marxista asimilada, de que la guerra es la esencia del Estado capitalista, tal como lo caracterizó Marx en su clásico capítulo sobre la acumulación originaria del Capital de 1867, transformada actualmente, en acumulación permanente y por despojo.

Tesis planteada 19 años antes con Engels, en el primer capítulo del “Manifiesto Comunista de 1848”, cuando explican el movimiento de la contradicción básica del capitalismo, entre el desarrollo vertiginoso y revolucionario de las Fuerzas Productivas y el freno que significan las estancadas Relaciones de Producción, hasta llegar a este párrafo profético e inquietante, sobre el que invito a reflexionar concienzudamente en este momento de cambio de era global, de epidemias universales y desastres, de desenfreno en la dialéctica destrucción/ construcción y de lucha y reparto de mercados y tierras prevista también por Lenin en 1917, entre las tres superpotencias atómicas actuales, USA, Rusia, China. Concepción leninista sobre el Imperialismo, tan útil como práctica, para entender la oscura actualidad.  

“… Pues bien (escriben Marx y Engels en 1848) ante nuestros ojos se desarrolla hoy un espectáculo semejante. Las condiciones de producción y de cambio de la burguesía, el régimen burgués de la propiedad, la moderna sociedad burguesa, que ha sabido hacer brotar como por encanto tan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerda al brujo impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró. Desde hace varias décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de las modernas fuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente de producción, contra el régimen de la propiedad, donde residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía. Basta mencionar las crisis comerciales, cuya periódica reiteración supone un peligro cada vez mayor para la existencia de toda la sociedad burguesa. Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes. En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmada, sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer. ¿Y todo por qué?  Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen, que embaraza su desarrollo. Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazan dar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía?  De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistando nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas” …Manifiesto comunista 1848 (subrayados APS)  

 ¿Cómo se destruyen todas esas Fuerzas Productivas? Pues mediante la guerra. Quien analice la historia del capitalismo desde sus inicios mercantiles en las ciudades financieras del norte de Italia en el Siglo XVI, hasta la actualidad; coincidirá con el historiador Arrighi (Arrighi Giovanni El Largo Siglo XX. Akal. España.1999), cuando basándose en esta tesis de Marx y Engels de la esencia del Estado capitalista es la guerra, establece plenamente las siguientes cuatro características primordiales, “de este sistema de ciudades-Estados del norte de Italia: En primer lugar, este subsistema constituyó un sistema fundamentalmente capitalista de construcción del Estado y de organización de la guerra. En segundo lugar, la acumulación de capital originada en el comercio de larga distancia y en el comercio de larga distancia, las altas finanzas y la gestión del equilibrio de poder entre las potencias de la época…En tercer lugar fomento de las relaciones de trabajo asalariado en la llamada industria de la protección, es decir la organización de la guerra, y la construcción del Estado, hasta conseguir que las guerras se pagarán por sí mismas (el secreto del éxito capitalista radica en que otros libren las propias guerras, si es factible sin coste alguno, y si no con el menor coste posible) y en cuarto lugar, establecimiento de una red muy  amplia y densa de la diplomacia residencial de espías o factores y la conformación de un sistema casi monopólico de información y conocimiento de los procesos de toma de decisiones comerciales de los gobernantes rivales”

Y a partir de ahí, apoyado en el concepto de hegemonía gramsciano como complemento esencial de la coerción en el Estado capitalista, abre una amplia y fecunda perspectiva histórica de largo alcance en la comprensión del capitalismo como sistema social histórico de carácter universal, y de su expansión ilimitada y desarrollo constante a partir de la guerra de despojo y saqueo colonial y neocolonial a través de cuatro ciclos hegemónicos de acumulación de Capital, cada uno basado en el uso de la tecnología, los inventos, técnicas, teorías militares y, desarrollos de las Fuerzas Productivas en cada momento histórico: El ciclo ibérico-genovés (1340 a 1630); el holandés (de 1560 a 1780); el inglés (1740 a 1930) y el ciclo hegemónico estadounidense de 1870 hasta crisis de 1970 y la derrota de Vietnam en 1974.

Un ejemplo de cómo se saqueó el territorio de la actual Colombia en el siglo XVI durante el ciclo Ibérico-genovés, se puede ampliar en mi libro “Las Guazábaras y el imperio español en Colombia. Ed. Fundación Jorge Adolfo Freytter Romero. Bilbao Bizkaia 2024”. Legible libremente en el siguiente enlace: https://freytter.eus/article/274

Pues bien, Si se me permite aplicar esta concepción esencial sobre la guerra y el Capital, a la tozuda realidad del fracaso de la estrategia de la Paz Total adelantada por el gobierno Petro (que el aparato mediático del régimen publicita a su favor) y, a la persistencia de la guerra impuesta a las comunidades agrarias y al pueblo trabajador colombiano, como digo al inicio, se hace mandatorio para la dirigencia de la verdadera izquierda colombiana y continental, una reconceptualización o replanteamiento completo de las categorías analíticas y conceptos que hasta el momento se han tenido sobre la “guerra civil mutante” que el capital financiero imperialista, con sus ropajes, en su búsqueda de plusvalía ha desarrollado contra las comunidades agrarias y el pueblo trabajador colombiano y las tantas negociaciones de paz con las cuales se ha intentado (formalmente) resolver.

Se hace evidente la necesidad de esa reconceptualización, a partir de que el llamado conflicto interno colombiano es una guerra civil impuesta por el Estado capitalista moderno, a partir del experimento singular, geoestratégico y geoeconómico de larga duración, de fusionar Imperialismo con contrainsurgencia y con fascismo, para conformar la trinidad política económica excepcional y única, que ha destruido la sociedad colombiana y amenaza incluso su futuro como nación.

La guerra civil mutante que desangra a la sociedad colombiana, calificada en 1959, por el reconocido historiador Marxista Eric Hobsbawum en su libro ya clásico de “Rebeldes Primitivos”, como una transición pre-política en una sociedad rural en transición violenta hacia el modo de producción capitalista. No transitó hacia un capitalismo desarrollado (según el modelo teórico-concreto clásico descrito por Marx en su libro el Capital), sino que, mediante la guerra civil permanente, fue deformado y utilizado conscientemente para profundizar el subdesarrollo social, la sobre-explotación de la mercancía fuerza de trabajo y el despojo agrario que se conoce como la categoría marxista de la Dependencia.

 En su lugar, la sociedad colombiana, el bloque de clases dominante que se conformó y el Estado que se construyó en medio de la confrontación, transitaron hacia un capitalismo subdesarrollado, deformado, regresivo y dependiente (en todo sentido) del Imperialismo estadounidense en expansión, ya fusionado con la estrategia contrainsurgente y la coerción militarista extrema anticomunista del fascismocomo lo demostraron en la década del 70 del siglo pasado y lo siguen demostrando 50 años después los investigadores y seguidores de la Teoría Marxista de la Dependencia (TMD).

 Así pues, que sin una clara concepción teórico-práctica que supere el circulo vicioso de los libros gordos sobre el análisis del conflicto interno por “especialistas”, que por muy bien intencionados que sean no superan el relato dominante, porque inmediatamente se conocen son neutralizados o archivados en el  cajón del olvido sin llegar a constituirse en relato siquiera conocido, mucho menos hegemónico; su única contribución práctica es ahondar la contradicción social evidente, entre la carencia en Colombia de un Partido de izquierda colectivo y de masas, versus, el líder individualista, egocéntrico, ecléctico-diletante y chapucero, en la que se revuelca la realidad colombiana actual sin poder salir de allí.

Esta es la realidad real de Colombia a la que invito a reconsiderar.

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