Aunque el plan maestro de transporte intermodal trazado hasta el 2051 proyecta una red férrea nacional, lo grave y como siempre, en este plan no se prioriza a Nariño en el gobierno de Gustavo Petro y de seguro no estará en las prioridades de los próximos presidentes, como castigo y retaliación por haber sido este departamento uno en donde hubo la mayor votación a su favor en la jornada del 2022.
Petro ha recibido una “solicitud de apropiación presupuestal para los estudios técnicos, económicos, sociales y ambientales de prefactibilidad para que el departamento de Nariño sea incluido en el ´Proyecto de Reactivación del Sistema Férreo en Colombia´, y para la ejecución del proyecto llamado de la doble calzada Pasto-Popayán”, enviada por el comité cívico y académico local.
Nariño tuvo un ferrocarril clave para su desarrollo, pero los politiqueros criollos nunca hicieron nada porque el proyecto no se abandone por falta de inversión y de decisión política. La clase parlamentaria de Nariño, clientelista, clasista y corrupta a lo largo de estas ocho décadas ha mirado para otro lado mientras se llenaba los bolsillos con honorarios, sueldos y contratos a sus amigos.
Lo mismo pasa, como ha pasado siempre con este departamento, donde las promesas de campaña han caído en saco roto. El mismo plan nacional de desarrollo de Gustavo Petro que vence en el 2026, que en teoría resalta la importancia de la conectividad regional y del transporte multimodal, tampoco incluye estos proyectos.
La conexión entre la región andina, el Pacífico, la Amazonía y el resto del país, debe ser contemplada como una prioridad, pese a que este gobierno está con el sol a la espalda y haya sido ajeno a las esperanzas de unos votantes que creyeron en el cambio y la reformitis.
Reactivar el ferrocarril del Pacífico Nariñense requiere la financiación de estudios de prefactibilidad técnicos, económicos, sociales y ambientales, llevando a la práctica la tan cacareada integración del departamento en el desarrollo regional y nacional que, como se ha dicho en este gobierno, es Nariño la puerta de Colombia hacia nuestros vecinos del sur.
Una solicitud contenida en un derecho de petición firmado por ciudadanos nariñenses profesionales en varias disciplinas, pone al oído de Gustavo Petro la reactivación económica y comercial de Nariño; el desarrollo productivo y sostenible; la alternativa de transporte eficiente y ecológica; y la reducción de desigualdades y fortalecimiento de la integración territorial.
Los firmantes hacen un recuento que vale leer textualmente cuando se afirma que: “Una de esas líneas férreas se construyó en el Departamento de Nariño entre El Diviso y Aguaclara, cerca de Tumaco (1930) y luego se prolongó hasta esta ciudad (1944).
El Ferrocarril del Pacífico Nariñense constituyó un medio de transporte muy importante que integró a la región andina con la región pacífica, en donde habita una importante población afrodescendiente, indígena y campesina.
El transporte de pasajeros fue muy alto en comparación de otras líneas ferroviarias del país. Sin embargo, aduciendo problemas de sostenibilidad del servicio, en la década de los años 50 del siglo pasado el gobierno nacional decidió terminar con el Ferrocarril del Pacífico.
Nariño perdió un importante medio de comunicación humana, de intercambio cultural y de desarrollo económico entre el Pacífico y la región andina.
Este fenómeno se extendió a lo largo del país hasta concluir en el debilitamiento o suspensión de las líneas férreas, lo cual significó, al menos, lo siguiente: fue un grave error haber optado por la construcción de redes separadas y diseños dispares, y no un sistema nacional coordinado y unificado integral ferroviario (técnico, administrativo y presupuestal); hubo falta de voluntad política y liderazgo regional y nacional para salvar y fortalecer las redes ferroviarias.
En el caso de Nariño no haber convertido a Tumaco en un gran puerto para las exportaciones e importaciones; primaron intereses particulares nacionales y extranjeros con la importación de automóviles y la construcción de carreteras, lo cual no se oponía al desarrollo del país, sino que lo complementaba como otro importante servicio, como sucede en el resto del mundo.
Constituyó un grave detrimento patrimonial de los recursos públicos invertidos en la red ferroviaria; se frustró un símbolo de progreso y desarrollo, de consolidación soberana del país, de afianzamiento de la integración humana y territorial, y reforzamiento de identidad nacional; la ciudadanía perdió un medio de transporte alternativo barato, cómodo, confiable y seguro, y que hoy en muchas regiones del mundo tiene un menor impacto ambiental y un gran desarrollo tecnológico que lo ha convertido en un medio de transporte muy eficiente y de calidad”.
Lo cierto es que por fin despiertan en Nariño quienes se duelen que se repita el centenario abandono de la región. Reclaman que se haga realidad el Plan Maestro de Transporte Intermodal (PMTI) 2021 – 2051, en el cual se proyecta potenciar los modos férreo, fluvial y aéreo en los próximos 30 años, así como también continuar desarrollando el modo carretero en el territorio nacional, con el fin de desarrollar los proyectos que modernizarán e impulsarán la conectividad, la competitividad y la reindustrialización del país. Pero Nariño por desgracia no es una prioridad, como ha quedado parcialmente establecido en este escrito.
Sin el sistema férreo los dueños de los peajes, el criollo sistema financiero y los de siempre como dueños del país se frotan las manos si las carreteras siguen siendo la fuente de su bienestar y su futuro asegurados.
